Purificador de aire para asmáticos

Cómo combatir las alergias al polen con purificadores de aire

Con la llegada de la primavera, se estima que una de cada cuatro personas padece una alergia primaveral en España. En efecto, los alérgicos se cuentan por millones y, lo que todavía es peor, sin una información adecuada el problema se agrava y acaba convirtiéndose en una molestia que puede acabar provocando serios problemas de salud.

Lagrimeo, rinitis alérgica, dificultades para respirar… Los síntomas alérgicos pueden tener más o menos intensidad, y parecen inevitables, si bien ésta no es una batalla perdida. Está demostrado que tomar ciertas medidas puede marcar una gran diferencia a la hora de sobrellevar la tan temida alergia al polen.

¿Pero, qué es la alergia al polen, por qué nuestro cuerpo se hipersensibiliza de este modo? Básicamente, la alergia al polen o polinosis es una reacción exagerada del organismo al entrar en contacto con alérgenos que provienen de los granos de polen.

Sin duda, se trata de una situación difícil de sobrellevar, que pone en riesgo nuestra salud y en la mayoría de los casos nos impide llevar una vida normal. ¿Cómo afrontarla, entonces?

Combatirla pasa por un obligatorio control médico que ha de iniciarse cuanto antes, sin esperar a que los síntomas se agraven (suelen recetarse antihistamínicos para aliviar sus síntomas) y también por un control ambiental. En este segundo aspecto, el uso de los purificadores de aire reduce la cantidad de polen en el ambiente que respiramos, evitándonos abrir las ventanas para ventilar la casa, la oficina o cualquier otro recinto.

Nos serán de gran ayuda los purificadores de aire que aúnan varias tecnologías como los filtros Hepa, el carbón activo, los ozonizadores o la luz ultravioleta. Son perfectos para eliminar bacterias, ácaros, polen y demás agentes que provocan o agravan las alergias primaverales. A su vez, el uso de los purificadores de aire eliminan el humo de tabaco, el polvo y una larga lista de compuestos orgánicos e inorgánicos volátiles que polucionan nuestro hábitat.

En casos extremos o situaciones muy puntuales, puede requerirse el uso de mascarillas para minimizar el contacto con los distintos tipos de pólenes presentes en la atmósfera. En otras ocasiones bastará con el uso de gafas de sol para proteger nuestros ojos.

Otras medidas para reducir la exposición al polen consiste en llevar una dieta aconsejada durante los meses de polinización (comer arroz integral, manzana, zanahoria, cebolla o espinacas y evitar lacteos, pan y pasta refinados, por ejemplo) y conocer los índices para hacer una simple salida a la calle o, por supuesto, para planear una excursión a la naturaleza, estando dispuestos a anular los planes que nos expongan demasiado. Conviene saber que las primeras horas de la mañana y de la tarde son las de mayor polinización o que los índices de las zonas costeras normalmente son menos agresivos que las de interior. Y un último apunte: si viajas al norte de España o a Europa, no bajes la guardia al pasar la primavera, pues la alergia al polen puede seguir siendo una amenaza, ya que la polinización de las gramíneas suele alargarse durante todo el verano.

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