Uso de ozono en la cadena de producción de alimentos

El melón precortado o mal conservado es un caldo de cultivo para bacterias, advierte la ONU

Los melones, los mariscos o los higos son algunos de los alimentos que verán endurecidas sus normas de envasado después de una comisión de expertos de Naciones Unidas haya elaborado un informe estudiando sus peligros a la hora de empaquetarlos y conservarlos.

El informe lo ha realizado el Codex Alimentarius, un organismo gestionado conjuntamente por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y respecto al melón se advierte que, una vez abierto, existe un alto riesgo de proliferación de bacterias en su pulpa.

El trabajo considera que su venta en rodajas o precortado en porciones puede convertirse en “problema emergente de salud pública”, debido a la razón señalada de que “la pulpa pueda convertirse en un caldo de cultivo para bacterias”.

Los melones contaminados por este motivo se han relacionado con brotes de salmonella o listeria, que pueden llegar a  ser mortales.

Para evitar riesgos, ya sea en casa o en la tienda, una vez cortados se recomienda envolverlos en papel de plástico transparente y refrigerarlos “tan pronto como sea posible”. También pueden lavarse con ozonizadores de agua para desinfectar y eliminar todo rastro de bacterias.

A nivel mayorista, se aconseja cumplir con las medidas higiénico-sanitarias adecuadas para evitar la contaminación cruzada, como la frecuente esterilización de cuchillos utilizados para cortarlos o para trocearlos en rodajas precortadas o en otras actuaciones, como puede ser la preparación de macedonias. En el ámbito doméstico también existen esterilizadores de cuchillos con rayos ultravioleta que los mantienen en perfecto estado de limpieza, siempre listos para su uso.

La refrigeración se recomienda en todos los casos, pues es fundamental para alejar el riesgo de contaminación. Las temperaturas no han de superar los 4 grados centígrados, y ha de refrigerarlo tanto el consumidor final, en la nevera de casa, como durante el proceso que va desde la recogida hasta su venta en supermercados o fruterías, y hasta incluso inmediatamente después de la cosecha.

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