Prevención de la alergia al polen en escuelas infantiles

Pautas para reducir las alergias al polen en las escuelas

La población infantil es la más vulnerable a las alergias, entre ellas la alergia al polen o primaveral, por lo que resulta clave que los colegios sepan tomar medidas a la hora de reducir sus síntomas de la forma más eficaz posible.

Los niños pasan mucho en el colegio, y es sabido que los centros educativos son lugares con altos niveles de microorganismos y donde pueden darse numerosos factores desencadenantes de alergias. En concreto, la alergia al polen puede agravarse por distintas causas, como las salidas al patio, las actividades al aire libre o la cercanía a niños que lleven alérgenos en su ropa o pelo.

De este modo, tanto profesorado como padres han de actuar de forma coordinada para que los casos de alergia se minimicen. ¿Pero, cómo hacerlo? Hay unas pautas básicas que pueden mejorar la salud de los niños.

Se ha de actuar en ambos sentidos: los profesores pueden advertir a los padres de la aparición de síntomas de alergias típicos (conjuntivitis, picor nasal, rinitis alérgica, problemas respiratorios) asociados al comienzo de la floración. El alumno, así podrá acudir al médico rápidamente, para así controlalos cuanto antes y evitar que éstos se disparen. Al contrario, los padres deberán comunicar al profesor las necesidades del niño en función de las recomendaciones médicas.

En casa y, en general, durante todo el tiempo que el niño pasa fuera del colegio, ha de reducirse la exposición al polen. En este sentido, son importantes las medidas que tomen los padres dentro del hogar (instalación de purificadores de aire, eliminar el tabaco, limpiar con productos no agresivos, cuidado de su higiene personal, no abrir las ventanas más de lo necesario, cuidar su alimentación, etc.), así como durante sus actividades extraescolares o tiempo de ocio.

En el colegio, de igual manera, han de buscarse remedios siguiendo pautas como realizarse una limpieza con una ventilación controlada y libre de productos quimicos, pues éstos agravan los síntomas de las alergias al polen. También han de responderse a las necesidades alimenticias especiales en el comedor escolar y se han de tener a mano medicamentos para casos que requieran una actuación urgente.

Además, sería idónea la instalación de purificadores de aire en las aulas o salas comunes donde reúnen a escolares de distintas clases para realizar actividades conjuntas. Su uso permitiría mejorar los niveles de esporas en el ambiente, reduciendo los síntomas, así como el nivel microbiológico y la calidad del aire en general. Y, por supuesto, es necesario un buen control de los niños que tienen alergia tanto a la hora de hacer deporte o actividades al aire libre como al salir al patio.

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