Microorganismos del agua frente a los que el ozono es efectivo

El ozono es el más potente gemicida que existe, y su aplicación en los tratamientos para el agua residual cumple un inestimable papel en el tratamiento avanzado de aguas residuales para garantizar un agua purificada, libre agentes patógenos.

La tecnología del ozono consigue niveles microbicidas inigualales. Destruye a nivel celular la materia orgánica e inorgánica presente en el agua y, en las dosis adecuadas, el ozono resulta totalmente inofensivo para la salud humana y el medio ambiente, ofreciéndonos un agua de gran calidad microbiológica.

Si pretendemos dotar de una calidad concreta a un agua reciclada, el gran potencial de oxidación del ozono y su inocuidad lo hacen idóneo como método de desinfección. Además, su flexibilidad a la hora de controlar el resultado permite variados productos finales para usos que requieran distintas purezas del agua.

Sin duda, la presencia de gran número de microorganismos en el agua reciclada es uno de los problemas más graves y comunes que podemos encontrarnos tras analizar un agua reciclada. Precisamente, evitar que ello ocurra es la especialidad del ozono. Su gran poder microbicida aconseja su uso en tratamientos de potabilización de aguas, ya que destruye bacterias, parásitos, nemátodos, virus, protozoos, algas, levaduras, hongos, esporas de hongos y hasta pequeños organismos pluricelulares. Aun así, teniendo en cuenta que toda purificación del agua residual busca reducir la materia orgánica, el ozono también es muy conveniente para otros tipos de reciclajes de aguas, ya sean industriales o urbanas.

El ozono causa unos daños tales (despolimeración) a los microorganismos que no les permiten desarrollar inmunidad al ozono, efetivo frente a gran número de ellos con una acción rápida, a bajas dosis y con un amplio margen de ph gracias a su poder oxidante. Incluidos los microorganismos patógenos más resistentes, como el E. Coli. o los parásitos Cryptosporidium y Giardia, que ni siquiera el cloro puede eliminar.

Como resultado de esta oxidación biológica de amplio espectro, el agua gana en calidad, mejorando sus características organolépticas (olor, sabor, color). Al margen de la desinfección biológica, el ozono también rompe la estructura de otros contaminantes (fenoles, cianuros, detergentes, pesticias, metales pesados…), que ahora pueden removerse fácilmente mediante filtrados.

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