OTRO ESCONDITE PARA LOS MICROBIOS

LOS JUEVES DEL OZONO

Leí el otro día un artículo interesante sobre otro de los escondrijos preferidos de nuestros pequeños colonizadores (esos seres diminutos que tanto sirven para ayudarnos como para fastidiarnos, las encantadoras familias de las bacterias, virus y hongos): nuestras neveras.

Así que la carne se pone verdosa y los melocotones se enmohecen. A la vista de eso, no creo que nadie crea que el frío mata los gérmenes, ¿no? Resulta evidente, por experiencia, que sólo los “frena” un tiempo. Y dependiendo de en qué alimentos, un tiempo corto.

Y es que estos astutos seres, sin pensar siquiera, se las han ingeniado para tener un seguro de vida, una vía de escape ante condicines adversas: esporas. El término deriva del griego σπορά (sporá), que significa semilla. Son células especializadas, no reproductivas, producidas por algunas bacterias y hongos, cuya función primaria es asegurar la supervivencia en tiempos de tensión ambiental.

Eso, los que las necesitan, ya que existen especies capaces de resistir temperaturas incluso de congelación, de manera que los 4 grados de nuestras neveras les resultan hasta cómodos.

El problema no es sólo que estos habitantes de la nevera se “coman” antes que nosotros nuestros alimentos; lo gordo es que, cuando ni siquiera somos capaces de verlos, pueden llegar a provocar intoxicaciones de mayor o menor gravedad.

Esto es aún más preocupante si pensamos en los grupos de riesgo a los que, a menudo, se destinan los alimentos en el hogar: niños pequeños o personas mayores, en quienes un sistema inmune poco desarrollado y todavía por madurar en el primer caso, y disminuido en el segundo, puede llevar a que un incidente alimentario se convierta en un grave problema de salud.

Con los niños, además, hay que tener en cuenta que una acumulación prematura de determinados tóxicos puede derivar en un exceso de contaminación en su organismo en la edad adulta, con el riesgo que esto supone para su salud, y no únicamente por sus repercusiones directas. Los hábitos que se adquieren durante los primeros años de vida, sobre todo en lo relativo a la alimentación y hábitos higiénicos, no sólo se mantendrán con mucha probabilidad el resto de la vida de adulto, sino que serán determinantes en su salud futura.

Así que ya sabes, otra cosa que enseñar a tu peque…

Te dejo aquí el enlace al artículo (“Patógenos en la nevera”), en el que dan muy buenos consejos sobre optimización de la conservación de aliemntos en nuestras neveras: http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/sociedad-y-consumo/2011/11/23/204980.php

Se les olvida uno importante: un generador de ozono, especialmente diseñado para ello, ayuda a mantener la concentración de microorganismos controlada en las neveras. Ya lo sabes…

Un saludo

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