EL SÁBADO NO TE QUEDES SIN CENAR: CENA DESPACIO

LOS JUEVES DEL OZONO
¡Ánimo, que ya sólo queda un cenorrio…!
¿Te has pasado mucho, o te ocurre como a mí, que la visión de tanta comida te quita el hambre? Bueno, no te agobies, que te voy a contar un truquillo para empezar bien el año:

¿Cuántas veces has oído eso de que hay que masticar la comida cien veces? Más de mil, ¿eh?

¡¿Cien veces?! Pero, ¿quién se para a contar cuántas veces mastica cada bocado? ¡Qué capacidad de concentración! Sólo con eso tienes que adelgazar por fuerza: se te quita el hambre hacia la rumiada ochocientos noventa y cinco… si eres perseverante y comes solo, claro. Y ese no va a ser el caso pasado mañana, ¿no?

De todos modos, ya sabes que cuando el río suena… y lo malo (o lo bueno) es que ¡es cierto! Sin llegar al extremo de ponerte a contar (no cuentes nunca ni batallitas, ni calorías, ni masticadas), el hecho de masticar lo suficiente la comida, ¡ATENCIÓN! ¡QUE SÍ, QUE AYUDA A ADELGAZAR! O, bueno, mejor dicho, a no engordar, que también nos vale.

Efectivamente, puedes evitar comer en exceso controlando la velocidad con la que lo haces, ya que la forma de comer juega un papel muy importante en el aumento de peso.

Verás como te convences, te explico:

Cuando el alimento entra en el tracto digestivo, es descompuesto por los ácidos, primero de la boca y luego del estómago. Estos ácidos convierten los alimentos en una especie de papilla capaz de entrar con facilidad en el intestino, aumentando la transferencia de nutrientes a lo largo de éste.

En el momento en el que el alimento entra en el estómago, se envía una señal al ordenador central (el cerebro) comunicándole la situación, de manera que sepa cuándo está lleno. Sólo hay un pequeño fallo en el sistema: el cuerpo tarda unos 20 minutos en informar al estómago de que está lleno.

Esto, que resultaba una ventaja cuando no era seguro en qué momento conseguirías cazar de nuevo otro mamut, en la actualidad representa un gran problema, ya que podemos estar comiendo durante veinte minutos después de estar llenos; ¡imagínate todo lo que puedes meter de más en veinte minutos!

Por otra parte, si eres un “comedor” rápido, ¿qué pasa cuando terminas de comer, por abundantemente que lo hayas hecho?

Que todavía tienes hambre, ¿verdad?

¿Qué sucede entonces? Que repites y te sirves una segunda -¡o tercera!- ración, lo que te dé tiempo antes de recibir la señal de hartazgo: demasiado tarde.

En vista de todo esto, recientemente se ha demostrado (no parece difícil a tenor de lo dicho) que comer más despacio puede hacer que adelgaces. O, mejor dicho, que al no comer de más, engordes menos.

Un grupo de Investigadores de la Universidad de Rhode Island estudió los efectos de la velocidad de la alimentación en el consumo de energía.

Los comedores rápidos recibieron un promedio de 645 calorías, mientras que a los lentos se les suministró una dieta con muchas menos calorías (579)

Los comedores rápidos también disminuían su ingesta de agua en comparación con los lentos: los rápidos tomaron una media de 289 g de agua, mientras que la media de los lentos fue de 409 g.

(Beber más AGUA puede hacer que te sientas más LLENO y por períodos más largos de tiempo).

A pesar de que los comedores rápidos disfrutaron de una comida más energética, tenían más hambre y se declararon menos satisfechos que los que comieron despacio.

¡Increíble!, ¿eh?

Ahora que sabes que comer despacio puede ayudar a mantener la línea, he aquí algunos consejos para disminuir la velocidad de tus comidas:

• Mastica bien los alimentos – asegúrate de tomarte tu tiempo en las comidas. Masticar lentamente disminuye los hábitos alimenticios y también puede ayudarte a disfrutar más de las comidas.

• Coloca el tenedor en el plato – dejar el tenedor también permite masticar la comida lentamente y disfrutarla más.

• Bebe más agua – tomar más agua entre bocado y bocado llena el estómago, lo que permite reducir la cantidad de alimentos que ingieres.

• Fíjate en las raciones – fijarte en la cantidad de alimento que pones en tu plato te ayudará a limitar la cantidad de calorías a tu disposición, con lo que e ntrarán menos en tu boca. Además, no caigas en la tentación de repetir enseguida. Si esperas un poco, puede que se te pase.

La tortuga siempre gana a la liebre
Comer despacio puede ayudar a perder y mantener el peso.

Comer despacio permite disfrutar más de la comida, haciendo que te sientas lleno y satisfecho.

Comer puede ser una experiencia sumamente agradable, y comer despacio permite saborear lo que comes, aumentando el placer que experimentas con una comida sana y nutritiva. Que sin duda lo será si tienes un buen generador de ozono para lavar fruta y verdura, manos y lo que sea menester desinfectar…

Ten en cuenta estos consejos la próxima vez que te sientes a una comilona (el sábado, sin ir más lejos…) para ayudarte a controlar la ingesta de calorías y permitir que tu cerebro sepa realmente cuando estás lleno, ¡acelerando así tu metabolismo!

¡FELIZ AÑO!

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