DESCONTAMÍNAME…

LOS JUEVES DEL OZONO

En jueves anteriores he comentado cómo la vida que llevamos, tan alejada dela Naturaleza, ha conseguido alejarnos incluso de la nuestra, de nuestra ”animalidad”. De hecho, ya no entendemos los mensajes de alerta de nuestro organismo e ignoramos hasta nuestro propio instinto, ¿o acaso tienes claro cuando tu cuerpo necesita agua y cuando no, por poner un ejemplo?

La aparición de dolencias nuevas y la prevalencia de enfermedades inusuales, sin ir más lejos, en la época de nuestros padres, tienen un incuestionable origen en nuestra forma de vivir y alimentarnos: prescripción de medicamentos para todo (hay que evitar el dolor, los síntomas de que algo va mal y RÁPIDO, RÁPIDO, RÁPIDO, QUE NO TENGO TIEMPO PARA ENFERMAR), explotación masiva del ganado y el suelo, con la insoslayable aplicación de fertilizantes y plaguicidas que nos envenenan (a nosotros, el agua, el suelo)…

Vale, sí, vivimos mejor que en la edad media; indudablemente los avances de la ciencia y la técnica han reportado mejoras fundamentales al ser humano (que no al resto de los seres vivos…), pero eso mismo que nos favorece, nos está matando. Como lo oyes, no puedo evitar pensar que estamos vivos de milagro.

Un ejemplo: hoy en día se realizan análisis exhaustivos de alimentos, a fin de controlar las cantidades máximas de plaguicidas que pueden contener. Se hacen pruebas de los efectos conocidos de cada producto pero, ¿conocemos todos sus efectos?

¿Te acuerdas de una noticia que saltó a los medios hace unos años sobre un río en Inglaterra donde los peces estaban cambiando de sexo espontáneamente a causa de un vertido? (Los peces en el río, muy propio para estas fechas, ¿eh?) Bueno, el caso es que después de investigar el fenómeno, llegaron a la conclusión de que existían determinados compuestos plásticos, de los que se creía que eran inocuos, capaces de alterar el sistema hormonal hasta el punto de feminizar a toda una población (disruptores endocrinos, los llamaron, por si quieres buscar más información al respecto)

Como decía, es un ejemplo. ¿Cuántas sustancias habrá con efectos secundarios aún desconocidos…? Preocupante. Tan preocupante como que se utilice ¡la leche materna! como indicador de contaminación ambiental.

Como muy bien dice el pediatra Carlos González en un artículo sobre este tema: “La presencia de compuestos químicos tóxicos en la leche materna sólo refleja la situación de la población general, es un síntoma de la contaminación ambiental de la comunidad.”

Por suerte, y para ratificar lo que te decía asimismo otro jueves, nuestro cuerpo es una extraordinaria máquina rayana en la perfección, y el artículo del pediatra continúa: “varios estudios sobre niños expuestos durante el embarazo a elevados niveles de contaminantes […] han demostrado que aquellos que tomaban el pecho tenían un desarrollo mental y psicomotor mejor que los que tomaban el biberón […] la leche materna contiene sustancias que pueden protegerle contra los efectos indeseables de los contaminantes”.

De cualquier manera, resulta evidente que deberíamos intensificar la lucha contra las fuentes de contaminación que envenenan -en pequeñas cantidades, sí, pero lo hacen-, el agua que bebemos, el aire que respiramos y los alimentos que comemos. Por no hablar de su persistencia en el suelo y sus consecuencias nefastas para flora y fauna.

Las medidas principales para esta lucha, por desgracia, han de ser políticas, con la regulación o prohibición de determinadas sustancias y prácticas, y la incentivación de la agricultura y ganadería ecológica. Según están los tiempos, ¿quién se va a ocupar ahora de eso, eh? ¿Quién habla siquiera de ello? En fin, confiemos en que todo llegará. Con un empujoncito por nuestra parte, claro.

Mientras esperamos la utopía, hay unas cuantas cosas que podemos hacer para disminuir la ingesta de tóxicos, convenientes en todos los casos, pero más aún en el de los niños si quieres llegar a ser abuelo (¿No te has dado cuenta de la cantidad de parejas que tienen que recurrir a tratamientos de fertilidad hoy en día?).

Una de esas cosas es pelar y lavar frutas y hortalizas. (¿A que te lo digo siempre?) Un buen lavado con agua ozonizada elimina los microbios existentes en la superficie de los alimentos, y ¡eureka!, acaba con los residuos de plaguicidas que SEGURO tiene adheridos.

¡Hasta el jueves!

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