Un cuerpo perfecto

LOS JUEVES DEL OZONO

No, no va de dietas ni gimnasia… Verás.

¿A que alguna vez te has cortado al afeitarte –más de una, ¿eh?-, te ha salpicado el aceite hirviendo o te has hecho un cardenal? Son cosas que ni te preocupan más allá del incómodo dolor instantáneo. Pero, ¿te has parado a pensar el milagro que va a ocurrir a partir de ese momento en el milímetro dañado? ¡Es alucinante!

Casi de inmediato se pone en marchauna maquinaria microscópica de alta precisión y, sin que te enteres, el nuevo tejido comienza a formarse; días después ni siquiera se puede decir que allí hubo un corte, una quemadura, un morado.

Rompe un hueso y se produce el mismo proceso de regeneración. Aún más notable: el hueso curado resulta más fuerte que antes. Lo mismo es cierto para arterias dañadas, células del cerebro y tejido nervioso y para el cartílago desgastado en las articulaciones artríticas.

Nuestro  cuerpo posee la asombrosa capacidad de reparase y renovarse a sí mismo durante toda la vida.

De hecho, tu cuerpo está llevando a cabo esta hazaña casi milagrosa en este preciso momento, mientras lees esto. Es algo tan natural, tan experimentado, que no le damos mayor importancia. Ni siquiera lo pensamos.

Es más: la mayoría de la gente cree que hemos nacido con un cuerpo perfecto que poco a poco se va deteriorando, a medida que envejecemos, hasta que finalmente se cae a pedazos, como si fuera una máquina defectuosa.

Nos han enseñado a ver el cuerpo así, como una máquina, algo que requiere un mantenimiento continuo por parte de los médicos, cuyo trabajo consiste en reparar las piezas dañadas.

La mayoría de los médicos tiene el mismo planteamiento. De hecho, todo nuestro sistema de medicina alopática se basa en esta idea.

Pero este modelo mecánico del cuerpo humano es, precisamente, lo que hace que la medicina moderna falle tantas veces.

En realidad, el papel de un médico en el proceso de curación es muy pequeño. La mayor parte del trabajo -hasta un 90%- se lleva a cabo sin necesidad de médicos o medicamentos.

Muchos de ellos se apresuran a restar importancia a esta capacidad de auto-curación: “El cartílago de las articulaciones ya no se regenera muy bien“, puedes oírles decir.

Hace diez años eso es exactamente lo que los cirujanos cerebrales pensaban sobre las células del cerebro: “Una vez que pierdes una neurona, esta no se regenera”.

Asimismo, en fecha tan reciente como hace tres años, los cardiólogos estaban seguros de que el tejido cardiaco dañado por un ataque al corazón nunca se recuperaba: “Las células muertas del corazón no se regeneran“.

Hoy en día admiten haber estado equivocados. Las células del cerebro y las células cardíacas se regeneran, al igual que todos los tejidos vivos del cuerpo humano… Y eso incluye el cartílago de las articulaciones.

Espero que siempre te acuerdes de que tu cuerpo se compromete a su reparación y regeneración, y seguirá haciéndolo mientras viva. No importa la edad que tengas: va a generar una nueva piel, células y tejido flamante para los huesos y músculos. Tu sistema inmunológico continuará renovándose para vencer a bacterias y virus, derrotando resfriados y gripes, incluso al cáncer y otras enfermedades. Y tus heridas y contusiones se curarán, tal como lo han hecho toda tu vida.

Sólo hay una condición:

Debes proporcionar al increíble poder reparador de tu cuerpo energía, aportándole los materiales nutricionales y elementos básicos que necesita para seguir adelante y creciendo.

Y ése es nuestro trabajo. No el del médico.

Come bien, no metas porquerías en tu organismo y estarás tan asombrado como yo por el milagro que se verifica continuamente dentro de cada uno de nosotros.

¡Por cierto! Una de las formas más eficaces de no meter porquería en tu organismo, es lavar los alimentos, sobre todo los que consumes crudos, con agua ozonizada, que no sólo los desinfecta, sino que elimina los residuos de plaguicidas que inevitablemente se encuentran adheridos a su superficie. ¿Te lo había dicho ya? Pues eso: consigue un pequeño ozonizador de agua para tu cocina.

Un saludo

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